A Alejandro Luis GarcíaHistorias conectadas

Taller de historias · 5 min

Cuando no conoces a tu personaje

Crear a alguien no significa conocerlo: a veces hay que detener la novela y averiguar quién es antes de obligarlo a actuar.

En serio, no es palabrería. Conoce a tus personajes. Hay quien dirá que cómo no voy a conocerlos, si los he creado yo. Pues no. Quizás se entienda mejor si cambiamos una palabra; en lugar de "personajes", utilicemos "personas". Porque esa es la clave: crear personas que viven en un mundo concreto. Si te has pasado horas o días planteando un mundo riquísimo con una historia formidable y unos paisajes que dan ganas de meterse en ellos, pero lo llenas de gente sin alma, sin personalidad, no va a salir bien. Cuando crees un personaje, piensa en él como persona. ¿Qué haría una persona como él en una situación como esta? ¿Es coherente? ¿Se sale de su personaje, pero la trama lo justifica? Porque darle personalidad no es hacer que siempre tome las mismas decisiones en contextos similares, sino que sea creíble que pueda cambiar de parecer. Eso es algo que hacemos nosotros constantemente... ¿o es que siempre tomas lo mismo cuando vas a un bar? De esa riqueza de personalidad nace un enorme problema para el creador: ¿cómo reacciona mi personaje a esta situación? y ¿por qué? No es banal. Yo venía de escribir una novela coral con muchos personajes, escenas con conversaciones de hasta diez de ellos a la vez. Una locura. Así que cuando escribí mi segunda novela, "Mi hermana de otro mundo", y me vi con dos personajes principales, descuidé algo muy importante. Me di cuenta durante los primeros capítulos, pero lo seguí arrastrando hasta justo la mitad del libro. Era una escena en la que Caelia llegaba a una ciudad en la que tenía que hacer cola para entrar. El camino había sido largo y hacía mucho calor, así que se retira la capucha y deja a la vista su característico mechón de color malva, cosa extremadamente rara por aquellas tierras. La gente enseguida comienza a murmurar y los murmullos pasan a ser improperios y se arma un pequeño tumulto que las autoridades tienen que sofocar.Y en medio está Caelia. ¿Cómo reacciona Caelia a aquello? ¿Por qué? Pues no supe responder a esas preguntas y eran muy importantes, pues marcarían el carácter del personaje desde ese momento y tenía que ser coherente con lo que ya se había visto de él y lo que se vería más adelante. No tuve más remedio que parar de escribir y hablar con ella. Literalmente. Me senté frente al teclado y empecé a preguntarle cosas que nunca había formulado. Escribí toda una historia de orígenes que no aparecería en el libro, pero que era fundamental para conocerla. Como consecuencia, tuve que regresar al capítulo 1 y reescribir. Fueron muchos días, pero mereció la pena. A partir de entonces, todo lo referente a Caelia, sus decisiones, su estado de ánimo... salió sin problemas, como si escribiera sobre mí mismo. Así que, ya sabes: Conoce a tus personajes. Crea personas.Y si en algún momento no sabes cómo reaccionarían… es que aún no los conoces lo suficiente. Aquí tienes parte del borrador de aquella escena de "Mi hermana de otro mundo": El nerviosismo y la espera bajo aquel tiempo tan caluroso le llevó a quitarse la capucha para sentir la leve brisa que llegaba desde el bosque, sin recordar por qué ocultaba su cabello. Absorta como estaba en disfrutar de aquella breve sensación de frescor, no advirtió que las conversaciones habían cesado y que ahora todo el mundo la miraba a ella. —¡Chajora! —le gritó un guardián que había abandonado la puerta avisado por los presentes—. ¿De quién sois? —De Chaxiraxi, mi tagorín —respondió Caelia inmediatamente y percatándose del error que acababa de cometer—. He viajado hasta aquí desde las tierras de la frontera del norte. La gente, que ya no guardaba la fila, sino que se arremolinaba en torno a Caelia y el guardián, rompió su silencio. —¡Eso no puede ser! —gritó uno—. ¡Mi abuelo vio una vez a un dotado de Chaxiraxi y tenía el mechón blanco! —¡En el norte solo hay demonios! —gritó otra. Caelia se tocó su mechón malva preguntándose por qué era tan difícil de creer quién era y lo que era. Sabía que su mechón era poco habitual, puede que único, pero no entendía por qué la gente reaccionaba de aquella manera. El guardián ordenó que se mantuvieran en silencio y volvió a hablar con Caelia. —¿Cuándo recibió su don? —Hace dos años, mi tagorín, durante la ceremonia de verano del año 416 de los Dioses. Los comentarios arreciaron. —¡Eso es imposible! —gritaron varios. —¡Se ha teñido el pelo! —exclamó alguien. —¡Agatenos, silencio! —gritó el guardia—. Les recuerdo que las acusaciones infundadas tienen castigo. Es imposible para un dotado teñirse el cabello. La gente pareció calmarse, pero enseguida una mujer gritó. —¡Para Iruene no lo es! —He oído que en una aldea del norte del cantón, un demonio con un mechón malva mantuvo cautiva a toda una familia durante un año. Eso le dolió. Hablaba claramente de su última familia, a la que tuvo que abandonar hacía poco. Al menos, pensó, a ellos les habían dejado en paz. La gente seguía soltando al aire lo primero que se le ocurría. Cada uno había oído algo que completaba la historia del anterior y pronto empezaron a enfrentarse entre ellos por ver quién tenía razón. —¡Alto! ¿No veis lo que nos está haciendo? —exclamó un hombre—. ¡Está haciendo que nos enfrentemos entre nosotros! —¡Es un demonio! — Mi hermana de otro mundo.Extracto del capítulo 5: Nunca se deja de aprender. — Alejandro
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