A Alejandro Luis GarcíaHistorias conectadas

Taller de historias · 5 min

Cómo intento que mis personajes parezcan personas

Una ficha puede describir a un personaje, pero convertirlo en persona exige motivos, contradicciones y una voz propia.

Una de las cosas más difíciles cuando escribes no es inventar personajes. Eso es relativamente sencillo. Lo complicado es conseguir que parezcan personas. Porque ponerles nombre, edad, aficiones, una historia trágica y una descripción física es fácil. Incluso puedes rellenar varias páginas con datos sobre ellos. Pero una ficha no es una persona. Y, cuando un personaje no es una persona, acaba notándose. Una característica puede ser suficiente para empezar Muchas veces mis personajes nacen de una impresión general o de una única característica. Penélope, por ejemplo, nació simplemente como una chica que acompañaba a Susana y que se dormía constantemente porque pasaba de todo. Cuando la historia cambió y Penélope dejó de ser una acompañante para convertirse en una Tortuga más, esa característica ya no bastaba. ¿Por qué se duerme? Porque pasa las noches en vela. ¿Y por qué las pasa en vela? Porque le encanta observar el cielo con un telescopio. ¿Y qué provoca eso? Que lea muchos libros de "Hazlo tú mismo", que sea capaz de cambiar un retrete sin pestañear y que tenga una manera particular de ver el mundo. Muchas veces un personaje empieza así. Con una sola idea. Pero la clave está en verlo como una persona. Porque las personas hacemos las cosas por algún motivo. La primera señal de alarma Para mí hay una señal que indica que algo falla. Si otro personaje puede hacer exactamente lo mismo, probablemente uno de los dos sobra. No me refiero al señor que aparece una vez para preguntar una dirección. Me refiero a personajes que tienen un papel dentro de la historia. Si una conversación compleja se puede repartir entre varios personajes indistintamente, algo va mal. Pueden decir cosas parecidas, pero no de la misma manera. Cada uno tiene una personalidad, unas preocupaciones y una forma distinta de reaccionar. El mayor problema llega cuando no sabes por qué un personaje toma una decisión y no otra. Porque las personas somos incongruentes, sí. Pero no aleatoriamente. Los diálogos deben reflejar una forma de ser Las muletillas son útiles, pero son solo un apoyo. El personaje no se diferencia por decir "caramba" o "compañera Menganita". Se diferencia por cómo interpreta el mundo. Las gemelas Lara, por ejemplo, son exageradas por naturaleza y por eso se permiten ciertas expresiones. Pero lo interesante de ellas no es eso, sino que son rápidas, imprevisibles y desaparecen enseguida hacia otra cosa. El diálogo debe representar la personalidad sin olvidar quién es el personaje. Las Tortugas son adolescentes. Nita es muy estudiosa. Araña es muy leída. Pero ninguna debe sonar como una anciana sabia dentro del cuerpo de una niña. A menos que precisamente esa sea la intención. Caelia y Elena pueden estar viendo exactamente la misma situación y reaccionar de manera distinta. Caelia es dulce, inocente y siempre intenta no herir a nadie con sus palabras. Pero cuando alguien se enfrenta a ella, se vuelve seria y directa, aunque siga siendo educada. Elena es brusca, está cansada del mundo y no tolera perder el tiempo. Sin embargo, a medida que avanza la historia, esa misma seriedad empieza a utilizarla para proteger a Caelia. Cuando leo una intervención larga, me gusta ser capaz de saber quién está hablando incluso antes de llegar al nombre. Las imágenes ayudan más de lo que parece Para mí las imágenes son muy importantes. Quizá porque empecé con una novela coral como Tortugas Marinas, donde había muchos personajes interactuando al mismo tiempo. Normalmente imagino al personaje y luego busco imágenes hasta encontrar una que, muchas veces, sin saber por qué, me dice: "Es esta". Y esa imagen acaba completándolo. Quizá lleva una bufanda que no había pensado. O un peinado determinado. O una manera de vestir que de pronto encaja perfectamente con su personalidad. Con la IA suelo adaptar esas imágenes al tono de la historia, porque el tono también define al personaje. La cara es el espejo del alma. Aurora no puede aparecer riéndose a carcajadas en una fotografía de modelo si es una chica reservada, encerrada en su propio mundo. La imagen tiene que transmitir esa personalidad. Además, ayudan a mantener la consistencia. Cuando llevas cien páginas escritas, es mucho más fácil mirar una imagen que rebuscar sesenta páginas atrás para recordar qué tono de rubio tenía un personaje. Una ficha no crea personas Con Caelia cometí un error. Tenía todo lo necesario. Nombre, aspecto, poderes, historia, función en la trama… Pero era más una ficha que una persona. Tuve que parar la novela y escribir toda su historia antes del libro. Una historia que ni siquiera aparece en él. Y fue entonces cuando la conocí de verdad. Por eso, si alguien me preguntara cuál es mi principal consejo para construir personajes, sería este: No te limites a describir su pasado. Escríbelo. Haz que vivan cosas que nunca aparecerán en la novela. Porque una ficha describe una persona. Pero una historia la crea. — Alejandro
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