Taller de historias · 3 min
Cuando un personaje tiene que decidir
Las decisiones importantes funcionan cuando el personaje llega hasta ellas por necesidad, no porque el autor necesite mover la trama.
Creo que los personajes solo deberían hacer algo heroico cuando no tienen otra salida.
Es decir, hay que empujarlos hasta ese punto. Hasta una situación en la que la heroicidad no sea una pose ni una obligación narrativa, sino la única salida posible. Si un personaje actúa como héroe simplemente porque “es el héroe”, la decisión pierde fuerza.
Para que esa heroicidad funcione, el personaje tiene que haber pasado antes por decisiones que duelen. Decisiones que lo empujan a un lugar donde ya no queda margen. Donde es todo o nada.
Ahí es donde aparecen las historias que realmente nos interesan.
Si una decisión importante se resuelve fácilmente, en mi opinión hay un problema.
En una historia que pretende parecerse a nuestro mundo —aunque sea ficción— las decisiones tienen que tener consecuencias. Puede que no todas se vean directamente en la novela, pero el lector tiene que sentir que lo que ha ocurrido no se puede borrar y volver a empezar.
Las decisiones cambian a los personajes.
A lo largo de una historia, las situaciones cambian, los personajes cambian y las decisiones que toman también cambian. Igual que ocurre en la vida real. Lo que hacemos tiene efectos, aunque no siempre sepamos cuáles serán en el momento en que decidimos.
Curiosamente, no todas las escenas que implican decisiones son igual de agradables de escribir.
En Mi hermana de otro mundo, por ejemplo, disfruté mucho escribiendo el momento en el que Caelia llega a Echedén y llama la atención de todos los que la rodean por su característica especial. También me gustó mucho escribir la escena final, aunque de esa no voy a contar nada.
En Tortugas Marinas me gustó mucho escribir la escena en la que todas hablan por teléfono a la vez buscando a Eva, hasta que finalmente la encuentran.
Sin embargo, hay otras escenas que cuestan mucho más. Por ejemplo, la discusión de Eva con su madrastra. Es una escena necesaria, pero no especialmente agradable de escribir.
A veces las decisiones importantes de un personaje nacen precisamente de esos momentos incómodos.
Cuando un personaje toma una decisión inesperada, el lector debe poder entender por qué la toma, aunque no esté de acuerdo con ella.
Las personas no tomamos decisiones perfectamente coherentes todo el tiempo. Más bien somos coherentes dentro de nuestra propia complejidad. A veces hacemos algo que parece contradictorio y luego pensamos: “¿Por qué he hecho eso?”
En literatura ocurre lo mismo.
Lo importante es que esa decisión pertenezca a ese personaje y no podría haberla tomado cualquier otro. Las decisiones no pueden intercambiarse entre personajes como si fueran piezas de un tablero. Cada uno tiene su forma de pensar, su pasado, sus miedos y sus límites.
A veces me preguntan si una historia se basa más en lo que les pasa a los personajes o en lo que los personajes deciden hacer.
Creo que en realidad es una mezcla de las dos cosas.
Muchas historias empiezan con algo que ocurre sin que el personaje lo haya buscado. Un acontecimiento que lo obliga a reaccionar. A partir de ahí, lo interesante no es solo lo que pasa, sino cómo el personaje decide enfrentarse a ello.
Ahí es donde aparece la verdadera historia.
Porque lo que nos ocurre puede ser casual.Pero lo que decidimos hacer con ello es lo que define a los personajes.
— Alejandro
personajes
decisiones
estructura
escritura